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Discursos de odio y salud mental: una responsabilidad ética en espacios de Yogaterapia Aplicada

Por qué las instructoras de yoga que trabajan en contextos sensibles necesitan cuidar el lenguaje, los límites y la seguridad pedagógica del espacio

En una clase de yoga, un taller o un proceso de Yogaterapia Aplicada, las técnicas que se enseñan conviven con otro aspecto central: el clima que se construye, las palabras que circulan, los silencios que se permiten y las formas de relación que se habilitan.

Cuando trabajamos con personas que pueden estar atravesando estrés, ansiedad, agotamiento, experiencias de violencia, discriminación o sufrimiento psicosocial, el espacio de práctica también comunica qué formas de trato, lenguaje y vínculo se permiten.

Lo que se dice dentro de ese espacio puede acompañar, cuidar y abrir posibilidades. También puede herir, excluir, revictimizar o aumentar la sensación de inseguridad.

Por eso, los discursos de odio no son una simple opinión inofensiva, mucho menos cuando aparecen en contextos pedagógicos, formativos o de acompañamiento.

Para las instructoras de yoga que aplican recursos del yoga en ámbitos vinculados a la salud mental, este tema forma parte de la responsabilidad ética de facilitar clases, sostener límites y construir espacios seguros.


¿Qué entendemos por discurso de odio?

Según la definición operacional de Naciones Unidas, el discurso de odio puede comprenderse como cualquier forma de comunicación —oral, escrita o conductual— que ataca o utiliza lenguaje peyorativo o discriminatorio hacia una persona o grupo por aspectos de su identidad, como religión, etnia, nacionalidad, raza, color, ascendencia, género u otras formas de identidad.

Esta definición ofrece una referencia importante para distinguir entre una opinión crítica y una expresión que ataca o degrada a personas o grupos por aspectos de su identidad.

Una opinión puede ser discutible, incómoda o crítica. Un discurso de odio, en cambio, ataca, degrada o discrimina a una persona o grupo por quién es. Esa diferencia importa, especialmente cuando estamos a cargo de un espacio de práctica.

En una clase de yoga, un comentario racista, misógino, LGBTfóbico, xenófobo, gordofóbico, capacitista o discriminatorio puede dañar directamente a la persona agredida y afectar su salud mental. Además, modifica el clima del grupo, comunica qué formas de lenguaje se toleran y puede afectar la sensación de seguridad de otras personas presentes.


El lenguaje construye experiencia

En Escuela de Yogaterapia Aplicada entendemos que el lenguaje también construye experiencia.

La forma en que una instructora de yoga guía una práctica incide en la experiencia de quienes participan. El lenguaje, el tono, las consignas y los límites que se sostienen pueden facilitar una participación más autónoma, clara y cuidada.

Esto también aplica a los discursos que circulan dentro de una clase.

Si una persona escucha comentarios que atacan su identidad, su cuerpo, su origen, su género, su orientación sexual, su religión o su historia, difícilmente pueda sentir que está en un espacio seguro. Puede permanecer en silencio, no responder o terminar la práctica sin expresar lo ocurrido. Esa ausencia de respuesta visible no elimina el efecto del comentario.

En contextos sensibles, muchas personas ya llegan con estrés, cansancio, ansiedad, sobrecarga o experiencias previas de desprotección. Un discurso discriminatorio puede aumentar la sensación de amenaza, aislamiento o no pertenencia.

Facilitar prácticas de Yogaterapia Aplicada requiere cuidar la práctica en sí  y también el marco relacional del espacio.


Poner límites también cuida el espacio

Cuidar un espacio de práctica implica estar atenta a los discursos de odio y actuar cuando aparecen. La forma de intervenir puede variar según el contexto, la gravedad de la situación, el tipo de grupo, los acuerdos del espacio y la manera en que esa expresión afecta a quienes participan. Sin embargo, el criterio docente siempre necesita sostener un límite claro frente a expresiones que atacan, degradan o discriminan a una persona o grupo.

Cuando una instructora de yoga permite que un comentario discriminatorio circule sin ningún límite, esa violencia entra en el espacio de práctica. Puede dañar directamente a la persona agredida, afectar su salud mental y convertir la clase en una experiencia de exposición.

Además, modifica el clima grupal y comunica qué formas de lenguaje se toleran. Una broma sobre un cuerpo gordo, un comentario machista, una opinión despectiva sobre una identidad o una frase dicha “sin mala intención” pueden afectar la dignidad, la seguridad y la participación de las personas aludidas.

Esto es especialmente delicado en propuestas vinculadas al estrés, la ansiedad y la salud mental. Una persona que llega buscando una práctica más segura, clara y cuidadosa necesita encontrar un espacio donde su dignidad, su identidad y su participación estén protegidas por un encuadre responsable.

La responsabilidad docente implica reconocer que el espacio tiene un encuadre y que ese encuadre necesita límites explícitos frente a los discursos de odio.


La seguridad pedagógica también es relacional

En muchos espacios de yoga, se asocia la seguridad con elementos ambientales: luz suave, música tranquila, voz calmada, aromas, mantas o una estética amable.

Esos elementos pueden acompañar. La seguridad pedagógica también requiere claridad, límites, previsibilidad, consentimiento, lenguaje cuidadoso, adaptación y respeto.

También requiere dejar claro que las expresiones que degradan o discriminan a otras personas no tienen lugar dentro del espacio de práctica.

Una clase puede tener música suave y permitir violencia simbólica.

Una práctica puede ser suave y usar lenguaje invasivo.

Un taller puede hablar de bienestar y reproducir daño si ignora las desigualdades que atraviesan a quienes participan.

Desde EYA, la seguridad pedagógica implica sostener condiciones reales de participación, autonomía y cuidado relacional.


Discursos de odio, estrés y salud mental situada

Cuando hablamos de salud mental desde una noción situada, reconocemos que el bienestar no depende solamente de la historia individual ni de la voluntad personal. La experiencia humana también está atravesada por condiciones sociales, materiales, culturales, relacionales y políticas.

Esto es especialmente relevante frente a los discursos de odio.

Una persona que pertenece a un grupo históricamente discriminado puede escuchar en un comentario violento la repetición de experiencias previas de exclusión, amenaza, humillación o desprotección.

Además, respuestas como “no le des importancia” o “no te lo tomes personal” pueden resultar insuficientes y revictimizantes.

En Yogaterapia Aplicada, no interpretamos la reacción de una persona ni diagnosticamos su experiencia. Sin embargo, sí podemos comprender que el lenguaje discriminatorio puede afectar la posibilidad de sentirse segura, disponible y con margen para participar.

La práctica ocurre en un cuerpo con biografía, en un contexto y dentro de relaciones concretas.


Cuidado con las explicaciones que individualizan el daño

En algunos espacios de yoga y bienestar circulan discursos espiritualizados que responsabilizan individualmente a las personas por el daño que reciben.

Frases como “cada quien atrae lo que le pasa”, “eso te lo muestra la vida para que aprendas”, “si te afecta es porque tienes algo que sanar” o “no le des energía” pueden parecer suaves o espirituales. En ciertos contextos, pueden invisibilizar la violencia, desplazar la responsabilidad hacia quien sufre y dejar intacta la conducta dañina.

La espiritualidad puede tener un lugar legítimo y profundo en distintas culturas, religiones y tradiciones. Puede ser una forma de relación con lo sagrado, con la comunidad, con la vida, con la naturaleza o con dimensiones significativas de la experiencia humana.

EYA respeta la espiritualidad y no la reduce a lenguaje superficial.

Lo que cuestionamos son los discursos espiritualizados de corte individualizante cuando simplifican el sufrimiento, culpabilizan a la persona afectada o convierten una experiencia de discriminación en un problema de actitud, vibración o pensamiento.

Si alguien recibe un discurso de odio, la respuesta pedagógica responsable requiere cuidar el espacio, reconocer el impacto posible del lenguaje y sostener límites claros.


Criterios para intervenir desde el rol docente

Una instructora de yoga que trabaja desde Yogaterapia Aplicada puede desarrollar criterios para responder cuando aparece un discurso de odio.

Puede anticipar el encuadre del espacio, nombrando desde el inicio que la clase o taller requiere respeto, cuidado del lenguaje y ausencia de expresiones discriminatorias.

Puede intervenir con claridad cuando aparece una expresión discriminatoria, sin convertir la clase en una discusión extensa durante la práctica.

Puede decir, por ejemplo:

“Voy a detener esta frase porque en este espacio no trabajamos desde expresiones discriminatorias.”

“Este comentario puede afectar la seguridad del grupo. Necesitamos cuidar el lenguaje.”

“Podemos tener diferencias. En este espacio no vamos a sostener expresiones que ataquen a personas o grupos por su identidad. Ahora retomaremos la práctica, y si es necesario abordaremos esto después con más calma.”

También puede conversar de forma individual con quien emitió el comentario, revisar acuerdos grupales, derivar la situación a una coordinación institucional si existe o cerrar una participación si la conducta se repite y pone en riesgo el espacio.

El objetivo de la intervención es cuidar a las personas, sostener el encuadre y detener una expresión que puede dañar el espacio.

Intervenir también requiere dosificación, lenguaje y criterio.


Límites del rol docente ante conflictos grupales

Sostener un espacio seguro requiere claridad sobre el rol de la instructora.

La instructora de yoga facilita una práctica pedagógica, corporal y contemplativa. Su rol no es resolver todas las tensiones sociales, educar a todas las personas en el momento ni contener clínicamente a quienes se ven afectadas.

Si una situación genera daño, crisis emocional, conflicto persistente o sensación de inseguridad relevante, puede ser necesario detener la práctica, ofrecer una pausa, derivar a apoyo especializado o acudir a protocolos institucionales.

También puede ser necesario reconocer: “esto excede lo que puedo sostener en este espacio”.

La responsabilidad docente consiste en sostener el encuadre, actuar con criterio y no tratar una situación de violencia como si fuera un detalle menor.


Yogaterapia Aplicada: acompañar sin reproducir daño

Una propuesta de Yogaterapia Aplicada requiere cuidar la técnica, el encuadre, el lenguaje, la autonomía, los límites y la dimensión relacional del espacio.

Trabajar en contextos vinculados al estrés, la ansiedad o la salud mental exige comprender que muchas personas llegan con historias y condiciones diversas. Algunas pueden haber vivido discriminación, violencia, exclusión o experiencias de silenciamiento.

Una práctica que busca acompañar necesita atender también los discursos que circulan en el espacio que sostiene.

El objetivo es crear espacios con criterios claros, donde el cuidado se sostenga en decisiones pedagógicas concretas y no solo en la buena intención.


Cierre: el cuidado también es una posición

Los discursos de odio no son simples opiniones cuando atacan o degradan a personas por quiénes son.

En una clase de yoga, permitirlos sin ningún límite puede afectar el clima del espacio, la confianza del grupo y la experiencia de quienes participan, especialmente cuando trabajamos con personas en contextos de estrés, ansiedad o vulnerabilidad.

Como instructoras de yoga, el rol docente no es clínico. La responsabilidad está en sostener el encuadre pedagógico de la práctica: cuidar el lenguaje, establecer límites, reconocer el impacto posible de la discriminación y actuar con criterio cuando aparece una situación que puede dañar a otras personas.

En Yogaterapia Aplicada, construir espacios seguros forma parte de la responsabilidad docente.

Cuidar el espacio también es parte de la práctica.


¿Qué es Escuela de Yogaterapia Aplicada?

Escuela de Yogaterapia Aplicada acompaña el desarrollo profesional de instructoras de yoga en dos dimensiones: enseñar con mayor criterio y ejercer su oficio con mayor claridad.

Nuestras formaciones abordan Yogaterapia Aplicada, estrés, ansiedad y salud mental desde el rol docente. A través de Oficio Propio, también acompañamos la construcción de una práctica profesional coherente y sostenible.

www.escueladeyogaterapiaaplicada.com

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